Tersites

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miércoles, agosto 3

Destellos y Hundimientos


Destellos y hundimientos, prominencias y aproximaciones, reparaciones instantáneas, cosas que se me devuelven. Voces trastocadas, tonadas a todo pulmón, desplegadas en el montón, en una masa de espectadores, quieta y viril, cuerda, demasiado cuerda, colgando de una cuerda, despedazando los pedacitos de mar, los pedacitos de espejo roto, las cuerdas de la guitarra. Volcanes relampagueando, en agudo tronar, sentados en tronos bajo la mar, esperando el momento preciso para estallar, esos son mis fuegos, los tuyos también ¿Qué creías, que los peces no se encendían? Moviendo las pequeñas aletas fantasmagóricas, quitando mascaras desde los pies, debemos tener los pies en la tierra, sobre todo porque del agua venimos, como seres traslucidos junto al portón del tiempo, esperando limpiar las acumulaciones de casillas pasadas, esperando exprimir la esponja del recuerdo y así cerrar la puerta, abrir la ventana y saltar al vacío, ¿sabes qué hay de cara abajo?
Se me olvidan los nombres y los rostros, pero hay pupilas que permanecen en mi mente. Miradas claras y sinceras revoloteando bajo alfileres y agujas nombradas en la tarde, como agujeros y pendientes, un aretico en la oreja, dios me salve de una expansión.
Frente a esta desolación solo me queda navegar con la vela en alto, sobre la melancolía, como un antiguo capitán pirata, despejado como el cielo, sangrante como el vino y el alma enloquecida por las energías que se afectan en el plexo, las vísceras y el corazón…el pecho en alto es la única salida, porque las lagrimas siguen estancadas, como de costumbre, sin una razón precisa para estallar en llanto, sin una razón precisa para mentar la miserableza que puede producir el sonido tangueado, con sabor a bandoneón, en mitad del parque japonés, un café con leche y la marcha de Vivaldi que me hace un tipo fenomenal; sin ser bandido ni abatido, me siento divertido, adormecido, un poco envejecido y lento. 

Joquina Aroca 2010

jueves, junio 30

Una Vida me Bastó

Para Lopa
Una Vida me Bastó

Estoy muerto. Eso ya lo sabía, creo que desde que nací, sí. Nací con la certeza de estar muerto y no pecar de angustia ni de agonía, tampoco buscando esperanzas en los libros ni en los pensamientos, fielmente apegado al sentimiento de vacío, vaciando la basura, la caneca y la cabeza, tan alejado de esas ideas crédulas de futurismos, muerto desde la vanguardia, eso, la quintaescencia de la vanguardia, la vanguardia misma, la vanguardia de la muerte.

Todo eso tan necesario e inocente, que desde mi ignorancia infantil me deslicé hasta la senilidad adolecida e indecente, saltando desde los brazos de mi madre y luego golpeándome contra el suelo, procurando no esconderme tras sus enaguas y así, no esperar sus abrazos ni sus besos de buenas noches. Con la mancha sanguinolenta sobre el asfalto me enteré de mi destino, mientras un cardenal rojizo y aletargado se escurría por mi rostro y, al llegar a mis labios se me abrió el panorama completo de la vida misma, entendí la inutilidad de la noche y su existencia, la necesidad pujante de la niebla tras el paso de mis pasos, la estela que voy dejando tras el rastro, mi rostro, rastrojo, guiñapo, filipichín, pedazo deshuesado de humanidad que en cualquier traje es tan intrascendente, tan injustificable que hasta me da rabia, y más rabia me da el relativismo y el facilismo con el que le dicen – Haga lo que quiera –, que aquí no necesitamos más gente que se pregunte estupideces, ni tampoco nobles caballeros que las practiquen, ni sabios de lo inmovible, el panorama es cada vez más negro si nos quedamos en la cabeza y no damos el salto hacia la irracionalidad, la verdadera razón de ser que se halla oculta, tras la máscara esquizoide que le han colocado los del parlamento del ojo reptil, los gusanos tras la verja que ya perdieron su llave, se les olvido que todos tenemos copias y ahora nos movemos cabalgantes.

Este sueño agitado y pueril, esta empresa inservible de ser humano, para ser algo más que eso, como si ese algo justificara la insensatez misma de la mera existencia, como cuando pongo un par de palabras de más, sin tener claro el hecho de que querer ser más claro, o coloco un par de tonos extras o, unas noticas al final del pentagrama para completar la sincopa del primer compas. Y hablo de esto, de arte, porque quise ser artista para justificarme el hecho de respirar, y ahora que no lo hago o lo hago a cabalidad, me doy cuenta de lo mediocre que es la mayoría del material que anda suelto. Yo con mi ojo avizor, mi ojo de águila, mi nariz ¿aguileña? Mi oído suprasensible que capta distancias y tonos, y escalas, palabras, mares, sonidos, mares de sonidos, sonidos de mares, de olas, de crestas, melenas, tigresas, leonas, águilas, costeñas, rubias, quiteñas y azuladas, no percibió el sonido del gatillo, y mi nariz no saboreó el olor de la pólvora, así como tampoco vi la mancha de sangre en el suelo estrellado.
La noche que del corazón se extiende tremebunda, ronda cielos y cabezas, rapadas, cortas y angostas, guerras de rapiña en el supermercado, asaltos de comida con comida, de huesos, tendones, carnes desgarradas y torcidas, desangrantes y venenosas, tan añejadas que da miedo olerlas. Pero con la luz adentro, cabalgante y algo malmirada, una sonrisa de sorpresa que nos espera en la mañana, y eso es casi mañana. Y del delirio saldremos agradecidos, de la fiebre alejados como maíz rozagante, rubios granos del sol que se siembran en boca grasienta y  húmeda, listos para florecer en huertos sin dueño, como cualquier mata, raíz, junco o maleza.
El aire puro que se exhala, se purifica en el interior, dando vueltas por una manzana empuñada, cebando vistas, piedras, maderos y flores. Puertas y adoquines de mármol enmudecido, mejor dicho silencioso, que permiten al limón pensar y salir de su amarga embriaguez, de una vez por todas, para que la oleada se abra paso por entre el valle y el pueblo, en un amanecer resplandeciente el tono gris desaparece, las caras lucen rozagantes brillos insospechados, luces divertidas y extasiadas, libres y sonrientes por entre el lago interior.

El rio que no es de horror se navega fácil, dócil y pausado, al ritmo de los canarios, fluye y es retroactivo, auto existente de la noche azul, la maravilla de un alma celeste, colocada en el suelo terco de la tierra-mundo. El torrente sanguíneo iluminado por la llama trina y no terca, del azul, el rojo y el blanco, tan lejos de los tonos verdes escamosos, peregrina puro entre tinieblas de humos extraños, añejos y lunáticos, babeantes, pero la llama continua alumbrando el desierto enrojecido, el camino atomizado de Vitrubio. 

Y así, en una tarde cualquiera que despunta al verano, decidí llevarme el caño a la sien y… Bang Bang Bang… Terminar con este chiste de vida, llamado ¿vida? Un nuevo sol resplandece aquí mismo, y se despliega por entre mis palmas y desciende por mis extremidades. El sexo infantil, relajado, recostado, aun se baña en abril, y no necesito marfil para caminar airoso por ente el palmar. Solo se baña en sal de sirena blanca, en agua azul y jabón de tierra.

Lo vi empuñando su arma, colgado de la libertad caminó pensativo, sin ningún solsticio bajo sus estrellas, mojándose los labios con una dulce brizna veraniega, una lluvia fértil entre el camino incierto del No- Sin retorno, acostado en el retoño del cemento, del prado, el cielo impetuoso que nos libera de este funesto encierro. El humus (sardónico) del destierro ya no hace mella, ni ramplonamente en la dicotomía, ni en el silencio de una canción mal puesta, tampoco dentro del alma.
La calle húmeda seca, desplomada entre rocas, adoquines del mismo sendero vidrioso, arcoíris arenoso sobre las dunas del desierto, calentadas por el fuego interno de la misma llama trina, no portón trinitario, porque siempre fue un arco, siempre fue un cielo. Entre rocas no morí, pues me bastó con una vida.



Carpintero junio de 2011

lunes, junio 6

Epistola al último viaje


Epístola al último viaje

Y es que necesito algo que me haga sentir vivo, necesito de un instante que me saque de la añoranza, necesito dejar de añorar cosas y de planearlas, porque las cierro y cuando faltan…hay dolor, cuando son esquivas y sutiles, pero se quedan impregnadas en el alma y en la cabeza, en la ensoñación de mundos paralelos y realidades extasiadas comprendidas en una nueva sustancia; testaruda e inmaculada. Pero ciertamente no es lo mismo en cada mañana, siempre choca con tu otro yo, con tu adentro tan afuera, y entonces un día estas atrapado en un terror inmenso, en una oscuridad profunda, tan profunda como el mar, pero oscura como la noche, y te intentas agarrar de alguna estrellita. Cuando hay luna llena es mas intenso todo, la noche brilla y resplandece en tus ojos, los carros pasan mas rápido, las sirenas, los faros, los suspiros, como espirales ontológicamente incorrectas, como el alma que se me sale a veces, lucho con mi cabeza, el mundo lucha con la suya, el dolor parece eterno, pero siempre hay salvación porque todo esta allí, todo realmente existe y es tal como se nos presenta, a veces no queremos ver y decimos que las cosas no existen, pero no transgreden nada que percibamos; la cabeza siempre esta atiborrada de cosas, de letras y pensamientos, de divagaciones y complejos, miedos y angustias, la vida parece un yagé en reversa. La mente no alcanza y hay que darle cabida a otra cosa, hay que sacudir la cabeza y aligerarla, aligerar los pasos, pero no por rabia, sino por reflexión; entonces no escuchas con atención a la vida y crees tenerla resuelta, las palabras te cuestan, se estancan en los dedos, en las manos y en el papel (o en esta sustancia digital de nuestros días).

Hay un espíritu en el cielo, ronda por encima de la coronilla, el pasillo es largo, casi infinito, la lucecita no está al fondo…estas en ella, hace mucho tiempo que vives de la muerte, pero se te ha olvidado y por eso duele, la locura desatada en la noche, en la música que resuena cerca al corazón, da tumbos en un búm búm esquemático y repetitivo, el sonido de los transeúntes y el sol picante, no hay diversión en estos instantes, asustado por otro día, caminando siempre solo, muy solo, con la duda en la eternidad, enamorado de nadie y amando el universo, sin saber si salir o quedarse, quizás darle una llamada a la eternidad, en medio de la noche y el insomnio, estar despierto durante 76 horas de 24 que tiene el día, la llamada es firme y con mucha risa, algo pasa por la cabeza de Dios, el estomago atiborrado de cosas al igual que la cabeza, la media sonrisa esquizofrenica, los trastornos incorregibles de la matriz, el despertar desubicado luego de no haberse ubicado en toda la noche. Corres mucho, intentas alcanzarla y la miras a través del vidrio, ríes y te desesperas, el policía aun no ha dicho nada, pero te mira inseguro…eres sospechoso, de verdad, posible descarriado, de esas personas que son potencialmente suicidas del yo, de la conciencia y la razón, ahí entra la gran paradoja que se presenta ante nuestros ojos, la búsqueda de la libertad, interna e intensa, se quiebra con el ruido de un maldito bar, el futuro muere y alguien pasa, vienen a por mi, en el pronombre de una canción mal puesta, la desorganizo y me ahoga un poco el silencio venidero, el calor de este saco se me hace asfixiante, me acuerdo de cuando miro en las calles, me siento y veo pasar la gente; haz visto a la perspicacia caminar por las calles, se reune con alguien y sientes que debes alcanzarla, se arrodilla pero al mismo tiempo vuela, que puedes hacer, hablarle sobre cualquier cosa y despedirse porque te espera la chica de las botas de cuero, la de la noche y el cigarro escondido, lo esconde en el brasier y nunca le haz visto la cara, la oscuridad no te permite verle los ojos. Siempre estoy medio despierto y con una pierna al otro lado, perseguido por la jauría de estos tiempos y cada vez me siento mas incomprendido, mas perdido, inhibido y solitario, pensativo y con las palabras en los pies, esta chica realmente es desesperante, pero mas desesperante soy yo mismo que comparto su misma esencia, soy la ubicuidad del pensamiento, la extensión poco importa porque solo me basta con mirarme en un espejo, la eternidad se hace esquiva, como los animalitos que recorren mi cuerpo por las tardes, envuelto en poemas malditos de un exponente autóctono y esta hierba de viernes soleado; una pequeña frase subrayada y la respuesta en un trocito de papel, nadie pregunta pero todos responden en su soberbia, en esta soberbia que comparto y me pesa todos los días, lastimosamente las cosas me pesan, por mas ligeras que sean se vuelven insoportables, pero prefiero flotar como una pluma de pájaro en el cielo, en el viento matutino de un día no identificado, y no está identificado porque siempre esta presente, en este destino urgente, en cierto desasosiego que hace las veces de adolescencia.

Viernes por la noche, atrapado en la ciudad, de nuevo atrapado, pero libre en mi urgencia, mi necesidad, mi amor, aun tanto como la espera que me espera en el rincón de este nuevo año no identificado…me quiero bajar de esta nube, montarme en otra, mas sutil, sin desteñir su boca, con olor a labios carmesí, o rosados, y a mejillas un poco ruborizadas.

La elegancia se me hace urgente, necesaria en esta vida y la otra, un poco de estilo…sucesivos fracasos y triunfos que son lo mismo al fin y al cabo. Los sueños rotos que se viven, las divagaciones mentales que se sufren, la estulticia que nos envuelve en las noches y por las tardes en la calle, jodiendo, andando por ahí, sin pedir nada, ni siquiera un beso de buenas noches; la fijación ajena que reside en el corazón, soy todos como ninguno, y en este sol de medio día, camino sin rumbo, sembrándolo y alimentándolo, haciendo la gracia de dios, por la ciudad, por sus rincones y calles marginales, en medio del desorden del mundo, el mercado persa de la sinvergüencería, la gente de hollín que se consume lentamente, el bote de basura como fogata, los nómadas del mundo citadino, los desposeídos de la gran urbe, los sonidos que ensordecen con el paso del tiempo; el tiempo, sucio tiempo que no cura nada, el tiempo que es la velocidad de la vida, sin saber muy bien lo que pienso, sin beber aun de las aguas de la vida longeva de los dioses, las imágenes mitológicas, de mi mitología cotidiana, mis amores, mis pasiones, mis deseos y tantas cosas mas.

Sin estar allá, me hago tan presente, porque estoy acá y en el acá esta el todo, la ubicuidad, la melomanía, las sombras de este mundo se iluminan en este divagar constante, el universo en una lata de cerveza, sin caer en clichés juveniles, escribo a letra lenta y bien impresa, con paciencia y sin conciencia, rimando en cada acera, buscando palabras en la música, yendo de aquí para allá, quedándome un largo rato acá, besando las avenidas, bendiciendo cada espacio, añorando todas estas cosas, me difumino, me disuelvo, aligero las cargas del destino, me quito los velos de la existencia, trepo montañas de hombres, piso sus espaldas, sus omoplatos, siento la columna de cada uno, procuro no lastimar sus costillas, me apoyo en sus caderas, son hombres, son mujeres, son niños y se me viene a la mente la imagen de la gran montaña del mundo, la transfiguración de esta generación, la generación de la esfinge, la gran montaña de la generación de la esfinge, la escalo, subo por encima de los cuerpos, las caras rojas, los cuerpos tensionados, las manos sudorosas, las narices húmedas y mi sonrisa tan deseable como esta noche de mi insomnio. He llegado ya a la cima de la montaña, veo el mundo en su atardecer, vacío, el sol cae en el horizonte, y los pájaros empiezan a cantar, el ultimo viaje comienza con la danza de los mil cantos, los mil pájaros emigran, las semillas empiezan a podrirse, los cuerpos flaquean, esta tristeza que acelera mis latidos, mis fuerzas desfallecen, mi cordura se desvanece, solitario en medio del olvido; pero la montaña parece caerse sólo en mi mente, porque los hombres, las mujeres y los niños aun aguantan el peso del mundo; el que se debilita soy yo, y seguramente no sabrás lo que pienso de eso.

Atómico, sonido atómico, estridente, cacofónico, insoportable, se introduce por los oídos y viaja por las venas, llega al corazón y retumba con fuerza, inclemencia, ¡justicia!, ¡exijo justicia! Y vienen a por mi, de nuevo, en el sonido estridente, en el pronombre de una canción mal puesta, no puedo desorganizarla pues estoy encima de la montaña, practicando la coartación de los sentidos, mi libertad, mi leve libertad, voluntad maltrecha, desarraigada de todo preconcepto de razón, inquietada por las mil y una formas del espíritu, divagando por este océano de posibilidades, riéndose de los justos, riéndose de los buenos, riéndose de los malos y vanagloriando a aquellos que ríen, que no se ofuscan por nada, los que nacen cada día, en huertos sin dueño, infinitamente extensos, como legumbres frescas y de fácil digestión, como frases dantescas y tardías, incorregibles como el tiempo, derrotista como este silencio intangible, pero siempre ahí, compaginando el universo en sus infinitas acciones, desmitificando los “meta relatos” de estos tiempos, sin caer en discusiones absurdas de nombres olvidados, la perfección como condición, los valores como ilusiones, la aceptación del ente como el ser.

Y al bajar de la montaña de cuerpos, me vi solitario en medio de la jungla, cual capitán colono, navegando por el río, el largo río del horror, de la búsqueda, el viaje espiritual, el camino como meta, naciendo para nacer, navego por el río silencioso, atormentado por los miedos de todos los días, el corazón palpita rápido, la cabeza divaga un poco y muero en la vida, vivo en la muerte, y se hacen en si mismas, la vida y la muerte como lo mismo, como el río, como la maleza, la jungla de mis noches, desiertos de mis mañanas, todo iluminado, recorriendo el desierto, siempre solitario.

Y estos soles son eternos y resplandecientes, me calientan el alma mientras camino por la jungla, desde tiempos ancestrales y épicos que resuenan en el presente, desde cavernas de otros espacios, desde tiempos que son espacios, que cautivan a cada ensordecido y ciego, los ojos internos que revelan la verdad del mundo, sus conexiones lógicas y enérgicas, como cuerdas que cuelgan, como hilos brillantes, como dimensiones paralelas que hacen ver las cosas de otra manera; intransferible el sentimiento, el amor que no entiendo, que se fue instalando en mi cuerpo, comenzando por mis manos hasta llegar a mi pensamiento, corporalmente indispuesto a todo, moralmente descreído de todo, emocionalmente confundido en todo, mi espíritu sobrevuela el sistema, mas no sobrevuelo solo, me acompañas y te acompaño, nos acompañan muchos y también miramos desde adentro, inmutados en la gran Y, en la gran paradoja cósmica y elevada, casi como una emanación. Pienso y pienso, te pienso todos los días, imagino tu sonrisa y la perspicacia de tus ojos, en frente del mundo de las mentiras, pero no quiero hablar del mundo, no quiero irradiar mi odio, no quiero llorar sobre la leche derramada y por eso no veo noticias, me encierro en mi casa y nadie sabe de mi; de mis respiraciones, si todavía vivo, si cada respiración es verdad, mis respiraciones como realidad, como materialidad, sujeto o simple fenómeno energético, simples fluctuaciones de energía en lo constante, lo pasajero como eternidad, el ultimo viaje que no es el ultimo viaje, ya sabes que todo es un viaje; un increíble y maravilloso viaje, este que no te cuento, lo contamos.

M.Gyord 2008


domingo, mayo 29

Kapitalismo y Esquizofrenia


Kapitalismo y Esquizofrenia
Lalo-cura Marx(ista) iana

Agua é fab y dos moneditas, un pendiente y este cigarrillito desventurado, perdiéndose entre las plumas, entre la tinta y las hojas de cuaderno; judíos caminando por la acera, gente muriéndose de pena, y me muero de la pena, pero de verdad se morían… ¿de que? Pues de pena, la chancla que le dice la una a la otra – que vida tan arrastrada – y los gaminsitos que ponen culo por uno par de tenis.

La carretera al mar es trajinosa, da mareo y el estomago parece una licuadora, licuando la vida y las cosas de la vida que a veces se escapan por esta cerradura socialista, que paranoica mira por su mismo agujero, por donde le meten y le sacan… las llaves. Unos momentos vulgares más para que no se nos pase el bus que lleva a “Caicedonia”, donde cada uno tiene su andresito para agarrarlo a patadas; y sí que se esta poniendo de moda Caicedo, que hasta lo tengo en mi chamarra, mi piel de animal que me protege de esta selva de cemento, me acuerdo de Lavoe y también se esta poniendo de moda; ¡Atención¡ volvieron los 70’s a la altura de los 2000’s, para que todos los culicagados se sientan retro y fumen cigarrillo nadaista, para que bailen salsa en un bar de electrónica, y lean manifiestos malditos en un computador. Y no es que reniegue, ni que le quite validez, estos son otros tiempos y es todo lo que hay que decir, que del resto se ocupa el cigarrillito desventurado que se ha aventurado a la aventura de ser fumado, y no hay necesidad de hablar de los cuervos, me gustan las rondas infantiles y el anarquismo ontológico, como dirían “secuestra a alguien y hazlo feliz”.

Los manifiestos y los folletos, los pasquines y el reloj que parece campana de iglesia, la casa inundada, la calle inundada de luces navideñas, el sancocho del primero de enero, las cenizas que se las traga la tierra y el tiempo que se lo lleva el viento, y en mi escrito hay una rima que mi escrito no rima, y no se donde poner la colilla ni la ira, las tijeras ni la navaja, el aguacate guillenesco que no concuerda con el titulo; la duda y la contradicción ¿querré sexo ó no?, los eunucos que son buen polvo y las escaleras que se escalan por si mismas, los pequeños ruiditos de la cocina y el sabotaje del arte, el TP y el que lo entienda entiende( ya se sabe que me fascinan los argumentos apócrifos con tinte místico).

Tip, Tip – llaman a la puerta – y la mierda es mas cara por estos días, al igual que las verdades, y como mierda se sostienen con repugnancia, con dos dedos y cara de asco, para luego botarlas a la basura, como los recuerdos que se los come este insomnio, y esta puta intranquilidad que me absorbe y siento como se me sale el alma.
Doy vueltas y vueltas en la cama, con la cara hacia arriba o hacia debajo de la almohada, y donde tengo el culo apoyado se me hace muy tieso, las tibias tablas de un camarote sin terminar, la colilla y las cenizas sobre el blanco baldosín y la esperanza de ver el amanecer sobre esta montaña.

Suena la pólvora y las pilas se descargan, la música, mis pistolos, son la banda sonora de estos días, de esta generación que no pretende causar sensación, para coger la guitarra y tocar como lo hacia ayer antes de despertar, para cambiar la constitución y hacer una nueva y verdadera revolución.

El madrugon me despierta entre vacilaciones de la mente y el canto del gallo mañanero, silban los grillos y los zancudos patrullan encima de mí esperando el momento para chupar un poco de esta desesperación y esta agonía bella y asquerosa, donde “romantizo” la vida y se escurre en las lágrimas que no caen.

Estando en medio de la nada, suenan los Rolling Stones y repaso los guiones del papel protagónico de este teatro del absurdo llamado vida.
                                                        T.M 2007

miércoles, mayo 18

El Sueño del Mundo


El sueño del mundo

Hoy me he soñado con todos, pero no me he visto con nadie, camino en la soledad mas desiertica, hoy no hay nadie; divago un poco por la mañana, camino y a nadie veo, veo los edificios abandonados, la basura en las calles, una botellita de gaseosa sin terminar, y las paredes como grandes cuadros gigantes, veo un che, un camilo, un gaitán y hasta un lenín; todos como viejas estatuas y estandartes estudiantiles. Hace viento y sol, y divago con la imaginación, me he soñado con todos, pero con ninguno me he visto, me he soñado con ellas…no he visto ninguna, gaviotas y chulos, mugre y basura; me encuentro confundido y desamparado, solo y olvidado, me ahuevo sórdidamente por estos caminos desiertos y pienso: ¿Qué haría mi nuevo yo?, mi afuera tan adentro, mi afirmación desde la negación, mi ser y mi no ser que es ser en potencia, mi nada que es tan todo.

Y otra vez salgo con la verborrea metafísica y no pido mas que un beso de buenos días, un saludo, un -te quiero- como lo soñé, quien sabe que mas pueda pasar, de pronto un abrazo de buen polvo y la sonrisa de mil amantes y mil tontos que se saludan en mil sueños como este; cada uno es una dimensión distinta, espacio-tiempo y mundo distintos; cada una se sumerge en otra y pasa el tiempo, pasa el viento, suena la no-música y las sirenas, las cisternas y las risas.

El sueño que enceguece la vida, aligera los pasos, se hace leve este pasillo bizarro, que no esta corrompido, virgen como Maria; mi sueño es puro y de buena fe, no te encierra, te libera y te llama a forjar una nueva cultura a partir de la sórdida reunión de fluidos, cuerpos, los sudores derriten la cáscara de este imperio, que la no-academia nos abrace, nos de un beso y nos folle; que los conceptos se pierdan. Las megalomanías se desvanecen, se desintegran, mucho antes que la generación de la esfinge, la estirpe divina de aquellos que eyaculan en la casa de dios.

Dios me bendice cuando fornico, sea en el baño, en la cocina, la iglesia o la comisaría; se dispersa mi bendición, mi sustancia primordial, calidad de vida y existencia, no se adonde, sin virtudes ni valores y caminando al borde de esta ciencia no calificada, no se adonde voy ni como actuar en ciertos particulares eventos; la sabiduría no es llenura…es vacío, la razón me pesa por las mañanas, cuando me monto en el bus, sin bienes ni virtudes, miro por la ventana y me pesa este mundo moderno, parto del romance nadaista que tengo con mi cabeza, del espíritu neoyorquino, liberto y substancial, porque lo que subyace es todo, y es tan trascendental como poco importante; irreverente y a la sombra libertina de este anarquismo oriental de mi corazón, me vela todas las noches y me da las preguntas para mis respuestas, me reafirma y confirma con intención polémica pero no beligerante.

Vacío no es ausencia; ausencia es falta de algo, el vacío es la presencia de la nada, presente siempre esta, sea o no sea, todo realmente existe, nada es ilusión, hiperbórea no ha muerto, pero esta agonizante, el mundo siempre ha existido, solo existe en consecuencia de los que lo reconocen, por el resto no hay que preocuparse, el imperio se desborona y el espíritu siempre nos da el mismo camino.

MGyord, 2008

El Buen Abuelo


EL buen Abuelo

Silencio, un eterno silencio que se mueve en este espacio, otro misterio; el movimiento que divaga en el aire, suspendido en el éter de nuestro rededor, ventosidades oscuras como humos de chimenea, movimiento puro y salvaje, el hombre “yo te embiste”  cuadrúpedo, cuaternario y enajenado en un viejo afán, la cárcel del amor o el sexo, ya no las distingo, el placer se ha desplazado a otros confines, pero digamos que estos nuevos placeres me hacen sentir sacrílego, y yo no, de altísima morada vengo, y es mi deber guardar mi historia, mis valores…y mejor regreso al éter que se confunde con los líquidos de mi condición primaria. Me siento mas seguro rodeado de materia inútil e inservible, que en este negro silencio que roza la no existencia, siento como si destajara mi ombligo en dos, dividiera mi individualidad, casi como el limite entre la muerte y la vida, esa delgada línea que me pone nerviosa e intranquila, muevo mis pies y siento como si temblara, me congelo, en realidad no, usted esta loca señorita, ¿entiende? Loca. ¿Loca? En verdad no entiendo, veo luces encandelillantes, como las de un gran tractor en medio de la vía, el conductor fuma un cigarro y le importa un bledo el cáncer, al igual que mi vida; muy posiblemente no me vea en medio de esta oscuridad, de la noche….además, no se como llegue aquí, todo ha sido tan extraño, y nada de lo Evidente como dijo el psiquiatra se me hace evidente, nada es claro. Siento…una gran nube encima de mi cabeza, una nube oscura con escamas resplandecientes, parecidas a la piel de cocodrilo, con algún tono metálico que retumba en mi cabeza, como la moneda que has dejado caer al suelo- Idiota, me sacas la paciencia, un día de estos te cortare la mano derecha haber si dejas de lanzar tu moneda al aire, puede también que evite que caiga al suelo y retumbe el piso metálico. Recuerda, este sitio no lo conoces, ni siquiera sabes que has venido, ninguno sabe cuando ha estado con el buen abuelo.

Con la cremallera abierta, sentado en el asiento del conductor, de su aliento salen penas, risas mal olientes que se enconan en el aire, temperamentos acuosos que mezclan con el Martini…no, con 10 Martinis que esperan allá atrás, en el asiento trasero... ¿fotos en la oscuridad? Pero también va en doble troque, al lado va un sujeto con cara de estupido, pálido, quizá pasmado, mucha gente se queda así yendo a esa velocidad, en carro también te sienta mal el aire, te quedas mirando al frente hasta dos horas. Conocí una vez a un chico que por el contrario, no se podía quedar quieto y bajaba al patio a caminar en círculos, rascándose todo el tiempo como un desesperado.
En medio de la vía camina un perro azul con una pata herida, sollozante y tartamudo, con un tic nervioso en el ojo izquierdo…esporádicamente, si, suspira, mas en vida no respira, OH si allá yace en medio de la vía. “Chica tú eta peldida” 
                                                                              “si tú supiera, mulata,
                                                                               la veddá;
                                                                              ¡que yo con mi negra tengo,
                                                                              Y no te quiero pa na!”[1]

On the road again, se ve a la vista un perro púrpura, te doy una pista, es hembra, eventualmente coja, sueña con castillos en la arena, durmiendo en el mar. Jadeos y movimientos rápidos, experimentos fugaces, suspendidos en las respiraciones rápidas de una aflicción juvenil, lucha y resistencia entre las pasiones y virtudes del pueblo, la montaña gigante en el horizonte, curvilínea figura de sombras y luces ancestrales, cabalgando en medio de la lluvia…olor rancio de claveles marchitos, este tipo no se compadece, lo acompaña la locura y el sujeto pálido con rostro de idiota.


Desdichados los ojos que te ven, mas dichosos los que te susurran en francés, un verso tal vez, ritmo corporal, epopeyas sonoras al ritmo del cuerpo, vislumbrantes posibilidades de gigantes paquidermos estremecidos en la noche, cuervos postrados en las agrias amarguras del mar muerto…capitalinas provincias repletas de oro y droga, regalos de navidad, juguetes opiacidos en el arbolito de Merry Christmas, “Santa Claus is here Darling!” ven con los chicos, pero si vienes sola te cuento un secreto :

“Now listen baby!
You try to give me your money,
You better save it babe.
Save it for your rainy day.
I have only one burning desire,
let me stand next to your fire.”[2]

Tu dinero no me sirve, me sirve tu tiempo, es eso lo que realmente quiero ¿entiendes? De todas las cosas que me puedes ofrecer, no la cambiaria por tu tiempo, es bastante valioso ¿sabes? No podría recibirte ni un beso, mi corazón ya esta echado y navega fuera de estas tierras, los anillos esperan anhelos y olor a incienso infantil, sueño de matrimonio pero esta vez de verdad, sin revolución social, ahora la cuestión es del espíritu y la emoción, como las películas sin comerciales.


El abuelo no soy yo, dios me libre de ser ese esperpento, fantasma vagabundo, necesitado de insecticida, adicto al tiempo, la forma mas fácil de exteriorizar el tedio, ocho horas mirándote la agujeta del zapato, sin importarte nada, tal vez alguien muera enfrente de ti, y seguro no harás nada, el nunca hará nada por nadie, su condición le da el privilegio de que todos hagamos cosas por él.



Tu tiempo es lo esencial, pero no te asustes con las primeras impresiones, te enseñare a destilar semen rancio, con insecticida Down the needle, shut the vein Y te digo que no te asustes, a veces las palabras significan mas cosas de las que crees; acuérdate de: significado y significante (perversamente reduzco la posmodernidad a estas dos palabras) Ahora te cuento que hace dos semanas preparé a un perro púrpura, le di dos lengüetazos en el primer día, por la noche quedó cojo; luego salio a caminar y no volvió. Una semana después vino un tío en una volqueta, yo estaba atendiendo a un idiota de cara pálida, que no puede ni hablar, se comunica escribiendo en una libreta; yo ya le hubiera quemado si no tuviera tanto tiempo (y dinero, claro esta) El tío esta sentadote en un sofá mientras hiervo el insecticida, leí una vez que alguien corto cocaína con detergente, que lío se abra armado; no me gusta el veneno para ratas, ya que deja manchas en el piso, que seguro nadie va a limpiar. Aquí el amor llega a confundirse con este designio, hay colores de piel que combinan muy bien, y el amor también necesita tiempo; pero una vez que me conoces nunca pedirás amor por tiempo, solo necesitaras tiempo…Tus manos son mas calidas cada vez que sujetas las mías.



M Gyord, 2009


[1] Mulata, Motivos de son, 1930, Nicolás Guillén
[2] Jimi Hendrix, Fire, Are You Experienced, 1967

Atardece Pronto, Please



Atardece Pronto, Please

Como novelas estrambóticas que te desean fuertemente. En los atardeceres negros con piso de madera, color madera. Las paredes escondidas hablan y los abuelos trafican diamantes hechos de papel mache, frases y anti-consignas se despliegan por doquier; Mas los ánimos compungidos de soldados atardecidos, hechos pulso, chasquean de vez en cuando, y miran a lo alto, como dioses trágicos deseosos de amor humano, calido, compatibilidad corporal, en coros de colores, coños y razones, magia hecha canciones, voces, susurrantes y comprometidas a nociones imaginarias, cosas vagas que me nublan al atardecer.

Prontitud es la clave, cierra los ojos tío, deja que la nube no te deje ver y duerme, yo mientras sigo marchando al ritmo de su voz, su calida voz, a veces tierna, normalmente grave…tu, con mirada fugaz y voz de mujer profunda, mujer sola en medio del mar, en medio de la arena y el calor, en alpargatas o botas ajustadas, envoltorios de distinta índole, pero estoy seguro que el chocolate siempre es igual de sabroso.

El es tu hermano, él es tu amor, él tu tinieblo, el de allá tu marido, aquel tu novio… ¿puedo ser tu amante? Ya que la vida me permite conocerte y tu distancia te hace proclive a los encantos del enamoramiento sutil y sincero, levantados en cada letra, en cada tintero, en cada pétalo, en cada tonalidad de un amarillo hondo y complejo, formando un caminito de letras. Colores y señales en la pared, en los escondites de esta gran habitación, sueños regados por doquier como una melaza….recuerda las flores, estas son primordiales. Olores excitantes, luces tenues alrededor, estar herido es un placer gigante al momento que tus manos curan mis heridas, mis profundas heridas que se despliegan en otros planos y otros cuerpos del mismo espacio y el mismo tiempo, como águilas substanciales que nos hacen la vida mas feliz, los remedios amargan el alma, el jarabe para la tos hace expectorar las flemas y los humos que quizá son toda mi inspiración, lo demás es solo un oficio corriente, escribir no es nada del otro mundo: “Sólo hay una cosa de la que puede escribir un escritor: lo que está ante sus sentidos en el momento de escribir… Soy un aparato para grabar… No pretendo imponer <relato>, <argumento>, <continuidad>… En la medida en que consigo un registro Directo de ciertas áreas del proceso psíquico, quizá desempeñe una función concreta… No pretendo entretener…”[1]   

Avatares y misterios, misticismos modernos contra la interracialidad, lecturas cibernéticas que ensalzan mi pensamiento con un buen sabor a frambuesa y cigarrillo “Mas Vaquero que un Marlboro”, en medio de obscenidades una cara fría me mira directamente a los ojos, con la misma intención que tiene el jazz que suena en la radio, la hora, única y puntual de lunes a viernes, con los ojos sobrios y sin tono púrpura, café y verde, neutralidad y austeridad, prototipos cromáticos del ser que en realidad si, vuelan la cabeza mas allá, nos dan incluso conciencia de la pantalla enfrente, la que nunca se apaga, con rotación completa y pretensiones caleidoscópicas que alucinan los sentidos, por eso quizá es que la prosa no se digiere de la misma manera desde hace unos meses atrás, sino que entra por un sistema curvilíneo de digestión intelectual… y esta es ciertamente la mierda, la que se caga, por los dedos, de manera digital puesto que nunca aprendí a manejar una maquina de escribir correctamente.


M Gyord 2009


[1] Prefacio Atrofiado ¿y tu no?, Pág. 243-244, El Almuerzo Desnudo, William Burroughs.



                                                                                        Atardecer Aburrido, 2007