Tersites

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lunes, junio 6

Epistola al último viaje


Epístola al último viaje

Y es que necesito algo que me haga sentir vivo, necesito de un instante que me saque de la añoranza, necesito dejar de añorar cosas y de planearlas, porque las cierro y cuando faltan…hay dolor, cuando son esquivas y sutiles, pero se quedan impregnadas en el alma y en la cabeza, en la ensoñación de mundos paralelos y realidades extasiadas comprendidas en una nueva sustancia; testaruda e inmaculada. Pero ciertamente no es lo mismo en cada mañana, siempre choca con tu otro yo, con tu adentro tan afuera, y entonces un día estas atrapado en un terror inmenso, en una oscuridad profunda, tan profunda como el mar, pero oscura como la noche, y te intentas agarrar de alguna estrellita. Cuando hay luna llena es mas intenso todo, la noche brilla y resplandece en tus ojos, los carros pasan mas rápido, las sirenas, los faros, los suspiros, como espirales ontológicamente incorrectas, como el alma que se me sale a veces, lucho con mi cabeza, el mundo lucha con la suya, el dolor parece eterno, pero siempre hay salvación porque todo esta allí, todo realmente existe y es tal como se nos presenta, a veces no queremos ver y decimos que las cosas no existen, pero no transgreden nada que percibamos; la cabeza siempre esta atiborrada de cosas, de letras y pensamientos, de divagaciones y complejos, miedos y angustias, la vida parece un yagé en reversa. La mente no alcanza y hay que darle cabida a otra cosa, hay que sacudir la cabeza y aligerarla, aligerar los pasos, pero no por rabia, sino por reflexión; entonces no escuchas con atención a la vida y crees tenerla resuelta, las palabras te cuestan, se estancan en los dedos, en las manos y en el papel (o en esta sustancia digital de nuestros días).

Hay un espíritu en el cielo, ronda por encima de la coronilla, el pasillo es largo, casi infinito, la lucecita no está al fondo…estas en ella, hace mucho tiempo que vives de la muerte, pero se te ha olvidado y por eso duele, la locura desatada en la noche, en la música que resuena cerca al corazón, da tumbos en un búm búm esquemático y repetitivo, el sonido de los transeúntes y el sol picante, no hay diversión en estos instantes, asustado por otro día, caminando siempre solo, muy solo, con la duda en la eternidad, enamorado de nadie y amando el universo, sin saber si salir o quedarse, quizás darle una llamada a la eternidad, en medio de la noche y el insomnio, estar despierto durante 76 horas de 24 que tiene el día, la llamada es firme y con mucha risa, algo pasa por la cabeza de Dios, el estomago atiborrado de cosas al igual que la cabeza, la media sonrisa esquizofrenica, los trastornos incorregibles de la matriz, el despertar desubicado luego de no haberse ubicado en toda la noche. Corres mucho, intentas alcanzarla y la miras a través del vidrio, ríes y te desesperas, el policía aun no ha dicho nada, pero te mira inseguro…eres sospechoso, de verdad, posible descarriado, de esas personas que son potencialmente suicidas del yo, de la conciencia y la razón, ahí entra la gran paradoja que se presenta ante nuestros ojos, la búsqueda de la libertad, interna e intensa, se quiebra con el ruido de un maldito bar, el futuro muere y alguien pasa, vienen a por mi, en el pronombre de una canción mal puesta, la desorganizo y me ahoga un poco el silencio venidero, el calor de este saco se me hace asfixiante, me acuerdo de cuando miro en las calles, me siento y veo pasar la gente; haz visto a la perspicacia caminar por las calles, se reune con alguien y sientes que debes alcanzarla, se arrodilla pero al mismo tiempo vuela, que puedes hacer, hablarle sobre cualquier cosa y despedirse porque te espera la chica de las botas de cuero, la de la noche y el cigarro escondido, lo esconde en el brasier y nunca le haz visto la cara, la oscuridad no te permite verle los ojos. Siempre estoy medio despierto y con una pierna al otro lado, perseguido por la jauría de estos tiempos y cada vez me siento mas incomprendido, mas perdido, inhibido y solitario, pensativo y con las palabras en los pies, esta chica realmente es desesperante, pero mas desesperante soy yo mismo que comparto su misma esencia, soy la ubicuidad del pensamiento, la extensión poco importa porque solo me basta con mirarme en un espejo, la eternidad se hace esquiva, como los animalitos que recorren mi cuerpo por las tardes, envuelto en poemas malditos de un exponente autóctono y esta hierba de viernes soleado; una pequeña frase subrayada y la respuesta en un trocito de papel, nadie pregunta pero todos responden en su soberbia, en esta soberbia que comparto y me pesa todos los días, lastimosamente las cosas me pesan, por mas ligeras que sean se vuelven insoportables, pero prefiero flotar como una pluma de pájaro en el cielo, en el viento matutino de un día no identificado, y no está identificado porque siempre esta presente, en este destino urgente, en cierto desasosiego que hace las veces de adolescencia.

Viernes por la noche, atrapado en la ciudad, de nuevo atrapado, pero libre en mi urgencia, mi necesidad, mi amor, aun tanto como la espera que me espera en el rincón de este nuevo año no identificado…me quiero bajar de esta nube, montarme en otra, mas sutil, sin desteñir su boca, con olor a labios carmesí, o rosados, y a mejillas un poco ruborizadas.

La elegancia se me hace urgente, necesaria en esta vida y la otra, un poco de estilo…sucesivos fracasos y triunfos que son lo mismo al fin y al cabo. Los sueños rotos que se viven, las divagaciones mentales que se sufren, la estulticia que nos envuelve en las noches y por las tardes en la calle, jodiendo, andando por ahí, sin pedir nada, ni siquiera un beso de buenas noches; la fijación ajena que reside en el corazón, soy todos como ninguno, y en este sol de medio día, camino sin rumbo, sembrándolo y alimentándolo, haciendo la gracia de dios, por la ciudad, por sus rincones y calles marginales, en medio del desorden del mundo, el mercado persa de la sinvergüencería, la gente de hollín que se consume lentamente, el bote de basura como fogata, los nómadas del mundo citadino, los desposeídos de la gran urbe, los sonidos que ensordecen con el paso del tiempo; el tiempo, sucio tiempo que no cura nada, el tiempo que es la velocidad de la vida, sin saber muy bien lo que pienso, sin beber aun de las aguas de la vida longeva de los dioses, las imágenes mitológicas, de mi mitología cotidiana, mis amores, mis pasiones, mis deseos y tantas cosas mas.

Sin estar allá, me hago tan presente, porque estoy acá y en el acá esta el todo, la ubicuidad, la melomanía, las sombras de este mundo se iluminan en este divagar constante, el universo en una lata de cerveza, sin caer en clichés juveniles, escribo a letra lenta y bien impresa, con paciencia y sin conciencia, rimando en cada acera, buscando palabras en la música, yendo de aquí para allá, quedándome un largo rato acá, besando las avenidas, bendiciendo cada espacio, añorando todas estas cosas, me difumino, me disuelvo, aligero las cargas del destino, me quito los velos de la existencia, trepo montañas de hombres, piso sus espaldas, sus omoplatos, siento la columna de cada uno, procuro no lastimar sus costillas, me apoyo en sus caderas, son hombres, son mujeres, son niños y se me viene a la mente la imagen de la gran montaña del mundo, la transfiguración de esta generación, la generación de la esfinge, la gran montaña de la generación de la esfinge, la escalo, subo por encima de los cuerpos, las caras rojas, los cuerpos tensionados, las manos sudorosas, las narices húmedas y mi sonrisa tan deseable como esta noche de mi insomnio. He llegado ya a la cima de la montaña, veo el mundo en su atardecer, vacío, el sol cae en el horizonte, y los pájaros empiezan a cantar, el ultimo viaje comienza con la danza de los mil cantos, los mil pájaros emigran, las semillas empiezan a podrirse, los cuerpos flaquean, esta tristeza que acelera mis latidos, mis fuerzas desfallecen, mi cordura se desvanece, solitario en medio del olvido; pero la montaña parece caerse sólo en mi mente, porque los hombres, las mujeres y los niños aun aguantan el peso del mundo; el que se debilita soy yo, y seguramente no sabrás lo que pienso de eso.

Atómico, sonido atómico, estridente, cacofónico, insoportable, se introduce por los oídos y viaja por las venas, llega al corazón y retumba con fuerza, inclemencia, ¡justicia!, ¡exijo justicia! Y vienen a por mi, de nuevo, en el sonido estridente, en el pronombre de una canción mal puesta, no puedo desorganizarla pues estoy encima de la montaña, practicando la coartación de los sentidos, mi libertad, mi leve libertad, voluntad maltrecha, desarraigada de todo preconcepto de razón, inquietada por las mil y una formas del espíritu, divagando por este océano de posibilidades, riéndose de los justos, riéndose de los buenos, riéndose de los malos y vanagloriando a aquellos que ríen, que no se ofuscan por nada, los que nacen cada día, en huertos sin dueño, infinitamente extensos, como legumbres frescas y de fácil digestión, como frases dantescas y tardías, incorregibles como el tiempo, derrotista como este silencio intangible, pero siempre ahí, compaginando el universo en sus infinitas acciones, desmitificando los “meta relatos” de estos tiempos, sin caer en discusiones absurdas de nombres olvidados, la perfección como condición, los valores como ilusiones, la aceptación del ente como el ser.

Y al bajar de la montaña de cuerpos, me vi solitario en medio de la jungla, cual capitán colono, navegando por el río, el largo río del horror, de la búsqueda, el viaje espiritual, el camino como meta, naciendo para nacer, navego por el río silencioso, atormentado por los miedos de todos los días, el corazón palpita rápido, la cabeza divaga un poco y muero en la vida, vivo en la muerte, y se hacen en si mismas, la vida y la muerte como lo mismo, como el río, como la maleza, la jungla de mis noches, desiertos de mis mañanas, todo iluminado, recorriendo el desierto, siempre solitario.

Y estos soles son eternos y resplandecientes, me calientan el alma mientras camino por la jungla, desde tiempos ancestrales y épicos que resuenan en el presente, desde cavernas de otros espacios, desde tiempos que son espacios, que cautivan a cada ensordecido y ciego, los ojos internos que revelan la verdad del mundo, sus conexiones lógicas y enérgicas, como cuerdas que cuelgan, como hilos brillantes, como dimensiones paralelas que hacen ver las cosas de otra manera; intransferible el sentimiento, el amor que no entiendo, que se fue instalando en mi cuerpo, comenzando por mis manos hasta llegar a mi pensamiento, corporalmente indispuesto a todo, moralmente descreído de todo, emocionalmente confundido en todo, mi espíritu sobrevuela el sistema, mas no sobrevuelo solo, me acompañas y te acompaño, nos acompañan muchos y también miramos desde adentro, inmutados en la gran Y, en la gran paradoja cósmica y elevada, casi como una emanación. Pienso y pienso, te pienso todos los días, imagino tu sonrisa y la perspicacia de tus ojos, en frente del mundo de las mentiras, pero no quiero hablar del mundo, no quiero irradiar mi odio, no quiero llorar sobre la leche derramada y por eso no veo noticias, me encierro en mi casa y nadie sabe de mi; de mis respiraciones, si todavía vivo, si cada respiración es verdad, mis respiraciones como realidad, como materialidad, sujeto o simple fenómeno energético, simples fluctuaciones de energía en lo constante, lo pasajero como eternidad, el ultimo viaje que no es el ultimo viaje, ya sabes que todo es un viaje; un increíble y maravilloso viaje, este que no te cuento, lo contamos.

M.Gyord 2008


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