Bogotá Terror 2000
(Neoliberalismo y miedo al corporacionismo ascendente)
Me llamo Steven y vivo en la ciudad del uno y mil terrores…Bogotá, metrópoli de desenfreno, desesperada y apurada, malparida y trajinada; el ensueño de los grandes poetas muertos y malditos, el asfalto rojizo y desangrado, el cuchillo de la mañana, el trabuco de la tarde y la droga nocturna; luces, disparos, farra, muerte y otras cosas más, endulzan el candor de la ciudad, la sabana y las montañas, los infiernos altruistas y el desencanto de los artistas que venden su alma a dios y a todos los dioses, escombros y ñeraje, ficciones reales y pasiones químicamente inestables, volátiles como el viento, volátiles como las mujeres, gritos y espantos, esperpentos estatales, psicodélia espiritual y el engaño de los Zeus del mundo, ínfulas de grandeza, tiranos y “tiranoides”, podercitos y pastelitos, luces navideñas, día de brujas, monedas y colillas en el piso, brujería y Satanás jugando póquer en el centro.
El viejito alcoholizado en los mares etílicos de su vejez, botellita en el bolsito, toma a tragos largos y amargos, toma en el bus al lado de mujeres y niños en brazos, enfrente de otros viejos y respetadas ancianas, anuncios, periódicos, más colillas, alcantarillas. Bolsita de periódico, otro trago mas mientras hacia el ocaso suena Pink Floyd, a través de las calles y los sitios me escondo en el tímido tronar de un piano de cola, que perdido esta entre sus notas; hace frió pero camino para calentar mi cuerpo, camino sin rumbo hacia la nada, nadando en las aceras, con sabor a vodka en mis labios, es de noche y ventea a cántaros, el viento mueve mi pelo y me pierdo en la sonrisa de aquella chica que acaba de pasar a mi lado, veo grandes edificios y me siento en Londres, me asustan los edificios, me asustan los faros y los suspiros, me asustan los llantos y me siento solo; solo y abandonado. Sorpresa, encontré una moneda en el piso, es de quinientos pesos, eso son dos cigarrillos y medio, la luna parece un sol y camino en ambiente cincuentero, el dinero, el efectivo, el cambio, las vueltas, la mierda, los cheques, las cajas fuertes, los bancos y más mierda, tarjetas de crédito, de ahorros y debito, depósitos, registradoras ¿y yo?, me conformo con mi moneda de quinientos, son dos cigarrillos y medio, que mas necesito para aguantar la noche casi día, la ciudad se empieza a transformar con la caída del sol, es la hora del desorden en el cual los curas son jíbaros, las monjas son putas y las niñas de casa son zorras, los ejecutivos son travestís, los buseteros son cacorros, los estudiantes se putean por un pedazo de chorizo con arepa, y chorizo y arepa es lo que sobra a esta hora de la noche.
Edificios a los lados, los faros espiantes se fugaban en la noche, el cielo cae al tiempo que vuela, universidades futuristas, cayendo iba en la desnudez de la furia, sin poder despertar del trance erótico de la noche, donde los mismos edificios que me asustaban, me excitaban y daban ganas de llorar. Ya no me motivaba la muerte, me motivaba algo que no se que es, algo que me carcomía la embriaguez, cierto sentimiento romántico al ver al viejito ebrio, al chirri fumándose un bazuco, al ver las calles húmedas, los soles en cada esquina, satisfacción de estar ebrio, poemas de carretera, películas del viejo oeste…en fin, era la séptima que traía a mi cerebro miles de estallidos extraños, algunas lagrimas encefálicas, mi cerebro lloraba, mi cabeza, mi pensamiento, mis manos sudorosas, mi pelo rubio, ¿mi boca? Seguía sabiendo a vodka y sabia que seria el único sabor de la noche, el del alcohol mezclado con más alcohol y otras cosas – será el Alan - me dije a mi mismo; baje unas escaleras y entre en un túnel parisino, lleno de grafittis alusivos a la última marcha estudiantil ¡No al PND! ¡ELN 40 años de lucha!, cosas por el estilo decían los escritos urbanos, escritos por encapuchados fugados en la noche, como las lágrimas, como las mujeres y los faros.
Yo era un tonto más entre más tontos que vivían entre estupidos, ignorantes que se juraban de buena fe, el olor a incienso que dejaba el mismo tipo de todos los días con su sonrisa de idiota buena gente. Salí del túnel para entrar a otro infierno, al de la rumba, las drogas y la música electrónica de moda, los restaurantes donde nunca podría comerme un buen almuerzo estaban cerrados, solo habían bares y discotecas de mala muerte, era “Cuatro Parques” ¿Cuatro Parques? Si, Cuatro Parques porque eran cuatro parques donde la gente se drogaba hasta morirse y partirse el culo en cuatro partes, donde se vivía la maldad y la bondad era rechazada, la maldita bondad hipócrita que tanto me da asco, infiernos altruistas, magos desencantados del tiempo y de las semanas, héroes de la noche atormentados por la policía, vírgenes que solo eran vírgenes, si no se cuenta el anal (jajaja) las vírgenes y los descarriados del mundo que se inyectaban a plena luz de la noche…y al fondo Magdalena llorando desconsolada, descontrolada también, el anís no deja a nadie libre de culpas ni de embriaguez, con el anís no hay indulgencias, todos son excomulgados por la santa Madre Iglesia y por el poderoso Padre Estado; se camina por aceras, por conductos elevados llamados puentes, los carros transitan por largas líneas grises llamadas avenidas, puto civismo del siglo veintiuno. Yo prefiero ir en contravía, sin conductos ni esquemas, pero mientras yo reflexionaba académicamente sobre la modernidad y los odios viscerales hacia esta, Magdalena seguía llorando desconsolada, controlada por la tristeza y la banalidad de sus lagrimas que aparentemente tenían sentido, y yo soy otro de esos que detestan los sentidos.
Le pregunté - ¿Por qué lloras? – me dijo que por Jesús, que no la quería, que se había chupeteado con otra vieja, y que además se la restregaba en la cara. Le dije – tu sabes que estas bien - , no me hizo caso, se reía y lloraba al tiempo, yo me preguntaba ¿mal, que es estar mal, que es estar bien, diferencias?, para mi no las habían, yo solo quería ser lo que era y besar a una mujer de 21 años ¿porqué? No se, simplemente la quería besar escuchando los Ramones o Nirvana, Pearl Jam o Lou Reed y los Velvet Underground; cualquier grupo de música extraña que alentara un poco mi existencia. Los gatos chillaban, no sabia porque, finalmente no sabía nada, y tampoco me interesaba saberlo, no me interesaba conocer el todo y sus relaciones lógicas para ser dios o Dios, ¿Dios? Ya lo era, quería ir a mi casa, quería fumar marlboro, quería fumar mas marihuana, quería éxtasis, emoción, soledad, euforia, pensamiento, extensión, vida al fin y al cabo… ¿Magdalena? Seguía llorando, Jesús no quería llorar y tampoco se quería crucificar, Jesús quería dar una vuelta en un ford y tomarse unos chorros y unas anfentas, quería predicar su palabra en Cuatro Parques durante cuatro días, quería besar las gaviotas, las aves, todas las aves, quería hacer teatro, ahora no quiere nada, quiere morirse, no, no quiere morirse, yo lo veía y lo imaginaba bailando en una avenida céntrica, del centro, con aplausos a su alrededor, con alcohol a su alrededor, una borrachera psicodélica que le consumiera el alma.
Y la sangre con asfalto recorría sus brazos, manchados por tierra y polvo de ladrillo, yo creía estar sobrio, creía ver todas las cosas en silencio, en libertad, como palabras que se desencadenan unas en otras, mas interesantes, podrían ser pretensiosas, auto-cuestionamientos y una colilla, siempre lo trascendental se va por el sifón, por mentiras disfrazadas de verdades, en narraciones peripatéticas de los grandes sofistas de la historia, la retórica y la persuasión, puede ser verdad o mentira; me asustaba el neoliberalismo, de pronto por que era una palabra muy extensa y compleja, me sonaba a tragedia griega en medio de una pesadilla cyber punk, cigarrillos virtuales, realidades virtuales, dinero, clases sociales, todo es un conjunto de frases extrañas y complicadas, mercado, muerte, mercados de la muerte, la muerte de los mercados, sangre y mercado, finalmente la economía de la mortandad, olor a mortecina y sonidos aleatorios, noise pop y chalecos gruncheros.
Grandes edificios a lo lejos, tan a los lejos que me enamoré de ti, antes de que el segundo se acabe necesito otro pase de perico, un calillito ó algo que me calme la incertidumbre. Cinismo descontrolado en tsunamis de pensamiento desbordado, ¿Por qué no les gusta el Budismo Zen? Tanto empirismo cansa el alma, tanto racionalismo cansa las neuronas que quedan, tanto a saber que no quiero saber nada; convertirme en lagarto, en un vil reptil gusano, así seria mas divertido ver a Magdalena rastrillarse las venas contra el asfalto, en un ataque de tristeza e impotencia, descontrol y euforia melancólica, de pronto por eso se suicido Kurt cobain. El fin del mundo y el fin del Rock, Bienvenidos sean los tiempos del “Soma” o del “Moloko”, el gran hermano, el ojo que todo lo ve, las pancartas revolucionarias en contra del capital, infiernos altruistas una vez mas, los domingos son días de trabajo – hay que terminar el molino – y napoleón cagado de la risa, los trotskistas renegados de todo, los revolucionarios de la ilustración y esta maldita historia que me pesa, Renato Descartes follándose las condesas y hablando del alma como un soplito abstracto en medio de la glándula pineal.
Que bien me fluyen las ideas, y todo lo que acabo de pensar, lo pensé mientras me tomaba un trago de aguardiente, los ojos se me desorbitaron y entendí el mundo, quise exacolarme con tu belleza o con tu respiración, y quedar incinerado, calcinado por tu presencia, por medias aritméticas y armónicas, por los pitagóricos y los fascistas griegos; por las peleas políticas del mundo y las tensiones diplomáticas de los países. Imbeciologia, estupidiologia, son carreras que me interesan, o la ingenuisofia, imagínense yo graduado en estudios de estupidiologia, reclamando mi cartón donde me certifican como un estupidiologo calificado, en carrera técnica o tecnológica.
El Cyber punk de la tarde, de la noche, de los bares, avenidas, edificios, faros, suspiros, espirales ontológicas, psicodelias epistemológicamente incorrectas; el deseo por terminar esta pagina pronto… la paciencia que es una vieja ciencia, no hay afán, Magdalena no se va a matar, sus lagrimas son comprensibles, pero no tiene porque desplegarlas en mitad de la rumba, hasta en la rumba hay que ser racional, consecuente con el momento, para eso son los domingos que no son de trabajo, cada lagrima ahoga a cada uno de los que ven cada lagrima caer, haber me hago entender (posiblemente me cague lo poético del asunto, así es este pragmatismo de mi corazón) si la nena llora, cada lagrima que x o y persona vea, lo va a ahogar en la misma tristeza de película española romántica; ya se sabe que la fiesta es una farsa y que los borrachos solo dicen mentiras, que las personas mas sensatas son los niños y los idiotas, pero eso no justifica que la farra se torne pesada y dramática, puede ser melancólica, pero no dramática, puede ser nostálgica, pero no dramática. Magdalena y Jesús, una historia de odios, amores, traiciones, drogas, escándalos, tendencias suicidas, desespero y desesperanza, bonanza y labios carmesí, muerte, tragedia, hacinamientos psiquiátricos, en fin, una tragedia grecorromana envuelta en trocitos azules de amor, problemas psiquiátricos y sexo, el sexo que no puede faltar.
Gaviotas, una novela melodramática y Cyber punk en tiempos de desesperanza juvenil y nihilismo negativo; terrorismo de estado y terrorismo al estado, terrorismo, terror, bogota; Bogota Terror 2000, haber quien nos salva de esta, que por amor de dios no sea el Chasputin colorado, porque a ese si le voy dando es tres puñaladas por pene; yo me llamo Steven y aun sigo viviendo en la ciudad del uno y mil terrores, todavía camino por la séptima y veo las mismas cosas todos los días, Magdalena se volvió hippie y Jesús se crucifico solito, cuatro parques sigue siendo la misma olla…ahora me dedico a jugar póquer en el centro con Satanás, porque dios hasta donde tengo entendido, ya me tiene olvidado .
Bogotá, Abril 2008
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